En un techo o estructura de acero, un sujetador que falla durante la instalación no solo se desecha, sino que también genera pérdidas de tiempo y mano de obra, además de crear un punto débil. Generalmente se opta por un taladro autoperforante de acero inoxidable para mayor durabilidad. Sin embargo, cuando el acero es grueso o de alta resistencia, esta elección suele ser contraproducente. La punta del taladro se desafila, se sobrecalienta o se rompe, dejando un agujero a medio hacer.
Este es precisamente el problema que los tornillos autorroscantes bimetálicos están diseñados para resolver: están fabricados para resistir primero la instalación en acero grueso, de modo que puedan proteger la estructura durante años.