En una planta solar costera o en un tejado junto al mar, un tornillo barato puede ser la pieza más cara del proyecto. La mayoría de los equipos optan por el acero inoxidable, pensando que es la opción más segura contra la corrosión. Pero si el tornillo no se instala correctamente o necesita ser reemplazado en cinco años, el proyecto ha fracasado.
El verdadero coste no reside en el precio por pieza, sino en la mano de obra para su instalación, el tiempo de inactividad en caso de fallo y la pesadilla que supone acceder a ella posteriormente para su reparación. Por eso, los tornillos bimetálicos están cambiando las reglas del juego. Se eligen no porque sean «mejores», sino porque controlan el coste total donde más importa: en el campo, a lo largo de décadas.