Antes, conseguir elementos de fijación para Europa era sencillo. Se encontraba un proveedor con precios razonables, se comprobaba que los tornillos cumplieran con las normas DIN o ISO y se realizaba el pedido. Si los tornillos aguantaban y las roscas coincidían, nadie hacía muchas preguntas.
Esa forma de concebir el abastecimiento está desapareciendo. En 2026, las conversaciones sobre compras son diferentes. A los compradores les sigue importando el precio, pero ahora también quieren saber de dónde proviene el acero, quién lo fabricó y si la documentación superará un control aduanero.
La razón es el CBAM, el Mecanismo de Ajuste en Frontera del Carbono de la UE. Si bien no fue diseñado específicamente para fijar el precio de los elementos de fijación, está cambiando la forma en que se compran, se les asigna un precio y se evalúan.